La chica de los tomates

 



- Te extrañábamos.
- Hola, ¿cómo dice?
- Le digo a mi hija cada vez que pasamos, qué será de la chica de los tomates. 

   Siempre te veíamos acá con las plantas, hace un año que no hay tomates…
- Ah, sí, casi un año. Era tiempo de volver.
- Qué bueno que hayas vuelto, nos vemos pronto.
- Sí, nos vemos pronto.



- Mirá Aurora, parece que no somos tan invisibles como pensaba.



•••

Por aquellos días me acercaba desde la cerca y miraba el jardín como si fuera una extraña en ese lugar, lo observé desde afuera, juzgaba su descuido. Luego, me atreví a pisar el pasto y tocar apenas las flores abandonadas, a tomar alguna hoja seca y recordar lo que solía ser esa planta. Miraba con tristeza su abandono. 

Aun así, esta vez es diciembre y llega Ángela, así que, luego de casi un año, fui al jardín.

Puse duro el estómago y comencé por la sombra, sin pensar demasiado, sin mirar demasiado. Sólo estar ahí. Sólo unos minutos de vez en cuando. Poco a poco me fui acercando. Un día quité las estructuras que alguna vez formaron una glorieta para los tomates, otro día podé la aljaba y otro día le di forma a la enredadera de jazmín. 

Me sorprendí de las nuevas plantas que aparecieron, una nomeolvides luchaba por sobrevivir y hasta llego un nuevo árbol; pensé, que un poco de abandono no hace tan mal después de todo. Extrañe la familia que una vez supo estar en este jardín, mariposas, avispas, abejas, abejorros, enjambres de mariquitas y colibríes. Pepe que sigue regresando en cada temporada.

Mientras limpiaba el suelo, vecinos que no conocía me saludaban de lejos y aun con mi corta vista podía ver sus sonrisas y un destello en sus ojos, como si se alegraran de verme. 

Tal vez, y muy probablemente sea sólo mi idea, aun así, cada saludo se sintió como una bienvenida.




Gracias por pasar, al sombrero creativo y a mí nos alegra tu visita.

Abrazo inmenso y te espero en la siguiente historia.






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