Los caminos me llevaron a casa

 


Lo intenté, créeme que lo intenté. 

Regresé dentro. Decidí regresar a mi propia compañía. No me es fácil estar ahí afuera. 

En el cuaderno que me acompaña imaginé y describí lo que llamé el último año de mi vida. Le coloqué oraciones que sólo yo entiendo. Luego, me dedique a crear, una a una, todas las cosas que siempre había querido hacer y todos los caminos me llevaron a casa.

¿Qué sucedió luego? Perdí el miedo y un poco la paciencia desmedida, qué más da. No dejó de importarme sólo deje de mirar tan afuera, y se siente extraño observarse distinto. Si bien algunos cambios transforman de sopetón, en mi caso, hay cosas en la esencia que quiero conservar y novedades en mi manera de ver y hacer la vida que procuraré que se queden.

Mientras tanto, luego de una época que pidió demasiado sin pausas, me sucede que no estoy habituada a esta quietud. Es una extraña quietud acompañada de bienestar, que no significa tenerlo todo resuelto, las incertidumbres siguen allí, sólo que esta vez estoy en paz con ellas. Es esta sensación de que, a pesar de, tengo el cuerpo y la mente en calma, lo que me cuesta asumir como un estado que desconozco.

•••

Algo más también sucedió. Me aferré a mi trabajo con una certeza y una voluntad que no había visto antes en mí. ¿Será la edad? ¿La experiencia? ¿La sabiduría adquirida? ¿El permitir que todo me atraviese? ¿La seguridad que brotaba de las cenizas de una vida insegura? ¿La transformación en mi corazón? ¿La idea de saber que no existe el control sobre lo inesperado y que, aun así, podemos seguir por acá?

Diariamente tengo más preguntas que respuestas. Sólo sé que abracé mi trabajo creativo con todas mis fuerzas, como si fuera lo único que me quedaba. 

Resulta que cuando todo acalló, comenzó a resonar también fuerte aquello a lo que había dejado de prestarle atención, y la primera realidad era que mi profesión y yo sobrevivíamos como podíamos. 

La segunda, era que estaba harta de sobrevivir, de conformarme con eso, de ir en piloto creyendo que no podía hacerlo mejor de lo que ya estaba haciendo. Sí, mucho venía arrastrándose de antes y fue recién en esta instancia en donde pude reconocer que se había colado, naturalmente, en la forma de entender y dirigir mi trabajo. 

Nuevamente, tuve que sacudir el polvo y revisarlo todo. 

Fue entonces que apareció la pregunta: ¿en verdad intenté todo lo que pude? 



(continua)




Gracias por pasar, al sombrero creativo y a mí nos alegra tu visita.

Abrazo inmenso y te espero en la siguiente historia.





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