La magia de los días comunes
Por estos días ha sonado un nuevo soundtrack. Le he dado un título y suena como la magia de los días comunes. Dibujo lo que me rodea y resulta que, lo que lo hace es sencillo. Aunque los siento grandiosos cuando están dibujados.
Hace un tiempo escribía sobre lo que me sorprende el recorrido de una idea hasta transformarse en algo más. Mientras aun transito este latente cambio de ser, observo hasta el último detalle en mis movimientos buscando elementos para completar esta serie. Sí, llamada, la magia de los días comunes.
Por estos días también he comenzado a asentarme, hay una calma distinta y un sentido de atrevimiento combinado con algo más, aburrimiento tal vez, desesperación por momentos con algunos instantes de felicidad y unas gotas de entusiasmo, ha vuelto a pasar por mi mente la idea de la posibilidad.
Pareciera como si, el destino de cada hora, las secuencias de movimientos permanentes, los rituales, los gestos, las emociones repetidas, todo eso que me daba sentido. Cuando todo eso se había modificado de manera abrupta, sólo me quedaba enternecer los ojos, no pedir más, no lamerme la cicatriz, no adelantarme demasiado al mañana y agradecer lo que va conmigo, mientras, caminando a mis costados.
Me quedé el tiempo suficiente rememorando en silencio la forma de la vida que una vez creí que tendría, fue casi como visitar una antigua sepultura, incluso mi mirada silenciosa sobre esos detalles que con tanto esmero había imaginado y soñado despierta se presentó compasiva y sabia. No hubo ardor en el pecho ante la memoria, tan sólo una observación distante que parecía alejarse cada vez más. Mucho había muerto con él, para, finalmente, hacer las paces con ella.
Está sonando un nuevo soundtrack por estos días y es como si, con el corazón más tranquilo, me he permitido ver el espacio y tiempo desde una nueva perspectiva, no libre ni vacío sino disponible. Entonces, ha aparecido en su lugar esa palabra que sentía perdida, posibilidad, y con ella otra pregunta: ahora, ¿qué puedo reconstruir desde este nuevo punto y aparte?
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A esta hora de la mañana me recuerda mis rituales y el ritmo sinuoso de la vida, el movimiento lento y el sentir pacífico de despertar un día más, saludar a Aurora, levantarme, ponerme ropa de entrecasa, desayunar, prender la radio. Abrir las cortinas, encender un sahumerio, mirar las plantas.
Esta reunión de palabras e imágenes me suenan a poesía y un poco también a película amigable de Hallmark. Resulta en realidad que es un ejercicio, mi propio ejercicio inventado, el que me he llevado a practicar y repetir cada día.
Vuelvo a despertar a las cinco de la tarde y me lleno de energía a esa hora. Es la hora en la que estoy regresando del trabajo y hay un intermedio en el barrio, todo se calma luego de la vorágine de la mañana. Cuando sale el sol de la hora mágica siento que el cielo ha encendido una lámpara de luz cálida y literalmente me digo: “bien, vamos a comenzar el día”
Es la hora en que me dedico a dibujar y sigo de largo hasta la noche. No todos los días tienen la misma forma. Sin embargo, son estas pequeñas cosas las que me he enseñado a darle más relevancia, ni siquiera más, toda la relevancia.
No caí en cuenta hasta tiempo después, volver a escribir fue un acto desesperado, fue la acción seguida a rendirme y en ese trayecto escribir se convirtió en la posibilidad. Hoy me di cuenta de eso.
Mientras repaso en mi mente las palabras, aparecen las imágenes, composiciones, colores, elementos, la palabra hecha idea y la idea hecha escena. El vaivén de las emociones se detiene y surge en el cuerpo esa sensación que genera el entusiasmo, ese deseo de querer hacerlo ya, de quitar la idea de la mente y convertirla en tinta sobre un papel para poder verla hecha realidad.
Levanto la mirada, los ojos se agrandan y se mueven buscando, garabateo en mi cuaderno, escribo y miro alrededor buscando más.
El hilo sigue, la idea se convirtió ahora en una serie y esa serie cuenta esta historia.





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